lunes, 30 de abril de 2007

Dichos populares 11

IRSE AL HUMO:
Expresión muy nuestra que equivale a lanzarse atropelladamente en procura de algo. Existen dos versiones acerca de su origen, ambas relacionadas con la guerra contra el indio. La primera figura en la segunda parte de Martín Fíerro y se refiere a las llamadas que se hacían las tribus para combatir en malón: "Su señal es un humito" -dice José Hernández- "que se eleva muy arriba./ De todas partes se vienen / a engrosar la comitiva ( ... ) para formarla han salido / de los últimos rincones." La segunda versión la registra Lucio V. Mansílla quien en Una excursión a los indios ranqueles comenta: "El fuego y el humo traicionan al hombre de las pampas, significando que una fogata mal apagada o la pólvora que quemaban los fusiles bastaban para que lanzas y boleadoras acudiesen a la humareda". La frase se ha modernizado, pero conserva su sentido original. Ya sea cuando un humito apetitoso nos impulsa a atropellar en busca de una porción de asado o cuando un fallo dudoso hace que el malón de una hinchada se vaya al humo contra el á r b i t r o .

IRSE DE PICOS PARDOS:
Carlos III impuso a las prostitutas de la época que vistieran una saya de color pardo que acababa en picos por los bajos. De ahí viene la expresión, de los hombres que iban con prostitutas.

IRSE POR LOS CERROS DE ÚBEDA:
Se utiliza esta expresión cuando alguien que mantiene una conversación sobre determinado tema se sale de la línea argumental de su discurso y le da otra orientación. También se utiliza cuando se contesta a una pregunta cuya respuesta no tiene nada que ver con la pregunta formulada, bien de forma intencionada o bien de manera inconsciente. El origen de este dicho parece que se remonta a los tiempos de la Reconquista española, en el siglo XIII, cuando las tropas del rey Fernando III el Santo estaban a punto de atacar Úbeda (Jaén). Uno de los capitanes del ejército desapareció antes de entrar en combate y apareció justo después de la conquista. Al ser preguntado por su ausencia contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda.La frase quedó desde entonces registrada como sinónimo de cobardía, aunque en la actualidad haya cambiado su significado original por los aludidos al principio.

IRSE EL SANTO AL CIELO:
Este popular modismo castellano suele utilizarse para indicar que una persona se ha despistado mientras hacía o se decía algo en su presencia, de tal manera que ha perdido la atención y no sabe volver al punto en el que se encontraba. Suele referirse más concretamente para aludir a la persona que se ha olvidado del tema del que estaba hablando y también hace referencia a aquellas personas, como nuestros místicos del Siglo de Oro, que cuando estaban rezando entraban en trance y se transportaban a una dimensión religiosa superior, más allá de la realidad humana de la que partían.

JODER LA MARRANA:
Esta expresión popular, tan vulgarizada, curiosamente nada tiene que ver con el nombre de la hembra del cerdo. Se denomina “marrana” y ”marranal”(de “marrano”, madero del fondo de un pozo) al eje de la rueda de la noria por el ruido que produce al girar, semejante al gruñir del animal citado. Antaño, era habitual que tras las labores de recogida del grano, se amontonasen los labradores en los molinos, con la intención de moler el fruto de sus cosechas, produciéndose con frecuencia disputas acerca de quien debería ir primero, para así vender antes su harina. Era frecuente que a quien no le parecía adecuado el orden que le correspondía en el reparto de los turnos, tiraba al descuido piedras, palos o cualquier otro objeto,para interrumpir el giro de la noria del molino y así 'joder la marrana'. ”Joder” en la acepción más latina del término que lo originó: “futuere”:molestar, destrozar, arruinar, echar a perder, que no con el uso metafórico figurado con el que se utiliza actualmente.

JUGAR A DOS BANDAS:
La expresión “jugar a dos bandas”, de connotaciones diplomáticas en su sentido positivo, posiblemente proceda de la estrategia del juego del billar, aunque también es utilizada para calificar el comportamiento de una persona de la que se dice que no toma deliberadamente una posición clara ante una disyuntiva, que no está de acuerdo con dos bandos en litigio, con dos opiniones enfrentadas. En tal interpretación adquiere un significado negativo, ya que esta actitud es precavida y no sincera y lo único que busca es no perder, jugar a caballo ganador, ya que en un caso o en otro siempre quedará a salvo su comportamiento.

LA BIBLIA EN VERSO:
En el año 1839 nació en Igualada (Barcelona) un hombre llamado José María Carulla, que se destacó no tanto por su oficio de abogado como por haber sido servidor del Papa Pío IX y fecundo versificador, que no poeta, y que, entre otras peripecias de su vida, fue fundador y director del periódico "La civilización" y célebre polemista católico. La Santa Sede lo distinguió con la Cruz del Mérito, en reconocimiento a su ambicioso empeño en trasladar el texto en prosa de la Biblia (o parte de ella) a la forma versificada. Como era de esperar, la ardua tarea de versificar tan magna obra fue mucho más difícil de lo que él pensaba, puesto que no había sido favorecido por la naturaleza en el reparto de talentos, particularmente en lo concerniente al don de la poesía. De manera que el resultado del esfuerzo -concretado en setenta y tres gruesos volúmenes- terminó por ser un fárrago inaudito de rispideces que durante mucho tiempo fue motivo de chanza en todos los cenáculos literarios y tanto fue así, que desde entonces, el dicho “la Biblia en verso” se usó como sinónimo de todo aquello que por su farragoso atrevimiento y confusión resulta difícil de digerir.

LA MANZANA DE LA DISCORDIA:
Con esta locución suele aludirse al motivo de una disputa o pelea. Proviene de la leyenda mitológica de la “manzana de oro” , cuando en el banquete de bodas de Tetis y Peleo la diosa Discordia arrojó sobre la mesa del ágape el aureo fruto, que llevaba esta inscripción : “Para la más hermosa”, dedicatoria que promovió una agria disputa entre Juno, Palas y Venus, cada una de las cuales se consideraba la más bella de las presentes en el acontecimiento nupcial. Resolvió la cuestión Paris, nombrado juez por Júpiter, otorgando la manzana a la diosa Venus.

LA MONDA LIRONDA:
Esta expresión parece proceder de un cruce entre "ser la monda" y "mondo y lirondo". Por lo que respecta a "ser la monda", el Diccionario de la Real Academia la incluye en la primera acepción de la palabra "monda" ('acción o efecto de mondar') con lo que da entender, implícitamente, que esa es su etimología. No obstante, la "monda" es también, en algunos lugares de España, una ofrenda que se realiza con motivo de la Pascua de Resurrección (al parecer su origen está en las ofrendas que hacían los romanos a la diosa Ceres). En Cataluña, donde su nombre es "mona* de Pasqua", está muy extendida y consiste en un pastel que los padrinos regalan a sus ahijados en dicha fecha. No queremos descartar la posibilidad de que el regocijo que acompaña a la festividad en que se regala la "monda" o "mona" tenga algo que ver con la expresión. Por lo que respecta a "lirondo", Coromines sostiene que se trata de un cruce entre los adjetivos "liso" y "morondo", este último, a su vez, cruce entre "mondo" y "orondo".

LA MUJER DEL CÉSAR:
Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio. Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechosa de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo. La expresión, con el tiempo, comenzó a aplicarse en todo caso en el que alguien es sospechoso de haber cometido alguna ilicitud, aun cuando no hubiera dudas respecto de su inocencia.